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Consciencia constante
Hace muchos años ya (¡qué viejo soy!) estudiaba en un colegio religioso. Era costumbre rezar, o al menos reflexionar, durante unos minutos al iniciar el día. Recuerdo que un profesor en concreto nos ilustraba con historias de corte oriental, y que terminaban con alguna clase de moraleja, aplicable sin importar la religión que uno profese (o no).
Mucho ha llovido desde entonces, pero una historia de aquellas me gustó tanto que se me quedó grabada, casi literalmente. Ignoro el motivo por el que fue esta historia, y no otra, la que en cierta manera me marcó.
Ningún alumno Zen se atrevería a enseñar
a los demás hasta haber vivido con su
Maestro al menos durante diez años.Después de diez años de aprendizaje,
Tenno se convirtió en maestro.
Un día fue a visitar a su Maestro
Nan-in. Era un día lluvioso, de modo
que Tenno llevaba chanclos de madera
y portaba un paraguas.Cuando Tenno llegó, Nan-in le dijo:
"Has dejado tus chanclos y tu paraguas
a la entrada, ¿no es así?
Pues bien: ¿puedes decirme si has
colocado el paraguas a la derecha
o a la izquierda de los chanclos?"
Tenno no supo responder y quedó confuso.
Se dió cuenta entonces de que no había
sido capaz de practicar la Consciencia
Constante. De modo que se hizo alumno
de Nan-in y estudió otros diez años
hasta obtener la Consciencia Constante.El hombre que es constantemente consciente, el hombre que está
totalmente presente en cada momento: ése es el Maestro.
El autor es Anthony de Mello.
Sigo sin saber por qué me he acordado de esta historia hoy en el coche...
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