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Cuatro meses después
Hace cuatro meses desde mi último post. Eso, en la blogosfera, es una eternidad, una vida. El mayor esfuerzo en este tiempo ha sido asentarme en el trabajo, adaptarme a las nuevas formas de hacer y recordar que debo olvidar parte de lo que, por cinco años, fue mi vida. Sólo una parte, porque, afortunadamente, hubo mucho de bueno que merece ser recordado!
En estos meses he viajado dos veces a Suiza, por menos tiempo del que me hubiera gustado, pero con la suerte de tener próximos viajes a la vista (el primero, este domingo!). Esta vez, gracias a las clases de inglés que me proporciona mi empresa, espero no trabarme al hablar. We'll see. Para este viaje me he propuesto hacerle una foto al edificio de la ONU, que si al tercer viaje a Ginebra no lo consigo (de día, se entiende) ya sería muy grave.
Estos cuatro meses también me han servido para reflexionar sobre muchas cosas. Y para llegar a algunas conclusiones desconcertantes. Pero eso es tema para otro post (o no).
Pasión. Es gracioso que compañías tan grandes como Microsoft, y otras como Sage (ContaPlus...), elijan la pasión como lema. Creo que hasta hoy no me había dado cuenta de qué significa tener pasión por el software. Es ver un código que no funciona del todo bien, y te entran unas ganas imperiosas de arreglarlo, aunque compile. Es ver que hay un fichero de configuración apuntando a una máquina caída, y correr para cambiarlo. Es enfadarse, pasionalmente, cuando ves código sin sentido que reposa tan tranquilo en el repositorio... Hoy, por primera vez, me he dado cuenta de algo: para todos, desde los becarios hasta los jefes de proyecto; si no hay pasión, el trabajo se resiente.
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